El perdón y el olvido

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Para mí perdonar no es sinónimo de olvidar, sino que consiste en que, sin olvidar lo que ha pasado, y subrayando que es bueno que conozcamos que las cosas ocurrieron así, esos acontecimientos no generen rechazo hacia la persona “perdonada” aunque sí pueda rechazarse sin paliativos lo que pudo haber hecho.

El perdón reduce, o incluso anula, el peso negativo de las malas experiencias en mi vida. Puedo perdonar a una persona y sencillamente no querer volver a verla nunca más. Pensaré: “Aquello ocurrió. Te perdono, no siento ira contra ti, no tengo ningún deseo de venganza pero tus valores y los míos no son compatibles, no tengo por qué vivir contigo”.

El perdón libera mucho más al que perdona que al perdonado. A quien vive en el rencor y el resentimiento, algo le come por dentro, porque no se ha liberado, no ha perdonado. El perdón ayuda a construir un futuro que no sea una simple prolongación del pasado.

El recuerdo tiene tres elementos. El primero es un dato objetivo que ocurrió. Si alguien me pega con una botella en la cabeza, el dato objetivo es la agresión, el golpe y la brecha que me produjo. El segundo elemento consiste en la emoción que experimenté en el mismo instante en el que se producía el acontecimiento. En ese caso sería el dolor.

No sólo eso forma un recuerdo. Hay un tercer elemento que es clave y que consiste en la valoración, en la interpretación que hice de ese hecho. El conjunto es lo que crea la experiencia que nos queda. Podemos transformar el registro de la memoria si conseguimos que quien recuerda evalúe los acontecimientos y sus emociones de una manera diferente (La respuesta, Dr. MARIO ALONSO PUIG).

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El dominio de nuestra conversación interior es una necesidad si queremos gestionar nuestra vida

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Las personas que se quedan inmóviles cuando miran el peligro o que no paran de tener pensamientos negativos del tipo “no voy a poder”, “es demasiado difícil”, “me voy a equivocar”, “no lo voy a superar” acaban arruinando todas sus posibilidades, no por carencia de recursos, sino por falta de confianza (…).

Es esencial afrontar los retos lo mejor preparado que se pueda y si por una u otra razón se tienen que afrontar con menor preparación, hay que hacerlo con confianza.

Cuando seamos conscientes de nuestra capacidad para dar pasos firmes, comprobaremos que muchas de las sensaciones que tenemos de falta de capacidad y que nos llevan a desconfiar y perder la esperanza han sido condicionadas. Nos hemos creído que no teníamos lo necesario y que lo que de verdad queríamos era inaccesible para nosotros.

En pocos terrenos se ve tan claro cómo lo que creemos se convierte en lo que creamos. El dominio de nuestra conversación interior es una necesidad si queremos gestionar nuestra vida y para eso convirtámonos en esas personas que dan seguridad, apoyo y confianza en lugar de sembrar la gran duda en nuestro corazón.

No menos importante es saber apoyar a otra persona cuando tiene que enfrentarse a un desafío. Qué diferencia más grande existe cuando junto a nosotros camina un compañero al que respetamos y que nos da ánimo, a cuando quien nos acompaña es un juez implacable.

Por ello ante los desafíos, concentrémonos en lo que queremos, no en lo que tenemos. Si queremos cambiar algo que no nos gusta, cerremos los ojos y utilicemos nuestros sentidos internos, veamos, oigamos, toquemos, sintamos cómo serían las cosas si sucedieran como nosotros queremos. Las tecnologías de neuroimagen nos muestran cómo en un ejercicio de visualización se movilizan las mismas áreas en el cerebro que se activarían si la experiencia ocurriese en realidad. Este sistema accesible para todos lo utilizan muchos atletas del mundo de la competición.

Abrámonos a la posibilidad de que, ante los desafíos, si confiamos se pueden abrir puertas en la mente que desde la desconfianza permanecen cerradas (Dr. MARIO ALONSO PUIG, Vivir es un asunto urgente).

La fuerza de nuestro compromiso

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Ante los desafíos que la vida nos presenta no podemos pensar que sólo tenemos las fuerzas y las capacidades que creemos conocer. Preparémonos con entusiasmo a descubrir lo que somos en realidad y aquello que podemos lograr y llegar a crear.

Que nuestro punto de referencia no sea nuestra supuesta inteligencia o nuestros conocimientos aparentes, sino la fuerza de nuestro compromiso. Jamás fracasaremos si nuestra determinación por triunfar es lo suficientemente grande.

El único fracaso es la incapacidad de no aprender de las caídas y de no levantarnos siempre una vez más a pesar de los descalabros. Somos nosotros, con nuestra forma tan dura de juzgarnos, quienes convertimos las caídas en simples agujeros, en caídas dentro de tumbas. Si habláramos a los demás como lo hacemos a nosotros mismos, probablemente no tendríamos ni un amigo.

Tras una caída, no hay que mirar al suelo, sino al horizonte que hemos marcado para nuestra existencia, esa ilusión que nos llama a levantarnos y a proseguir nuestra marcha a lo largo de ese camino de transformación que es la vida (Dr. MARIO ALONSO PUIG, Vivir es un asunto urgente).

Atreveos a soñar

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La vida ocurre a veces mientras nosotros nos empeñamos en hacer otros planes. Dejar la puerta abierta al misterio y la capacidad  de seducción de lo imprevisible puede ser una buena actitud. Esa apertura a la aventura, a la incertidumbre, que para algunos es más desafiante que para otros, nos ayuda muchísimo a crecer. (…)

Atreveos a soñar. La gente que es demasiado razonable sólo logra lo que es lógico obtener y no lo que de verdad es posible alcanzar. Cultivad la reflexión, haced ejercicio físico y aprended a cooperar. El ejercicio físico es una de las estrategias más potentes que hay para mantener el equilibrio emocional. Conversad entre vosotros y vosotras, reíd, y rodeaos de personas que os inspiren y crean en vuestras posibilidades. Sed vosotros los capitanes de vuestra alma y los dueños de vuestro destino (Dr. MARIO ALONSO PUIG, La respuesta).

Comprometerse en mejorar un poco cada día

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(…) Al final, o formamos parte del problema o formamos parte de la solución, y esto exige darse cuenta de cuatro cosas:

  1. Estamos en un nuevo mundo.
  2. Es necesario adaptarse y además merece la pena hacerlo.
  3. Todos podemos adaptarnos.
  4. Existe un camino.

Mientras sigamos añorando “el paraíso perdido” perdemos un tiempo precioso viviendo en el pasado cuando tenemos que vivir en el presente y proyectarnos al futuro. Para adaptarnos tenemos que explorar, conocer, comprender y aprender los patrones que conforman este nuevo entorno. Nadie explora con interés aquello que rechaza. La adaptación pide de nosotros no sólo la apertura mental para explorar nuevas posibilidades, sino también la fortaleza emocional para atrevernos a hacer lo que tal vez antes no nos hemos atrevido. El proceso de cambio tiene mucho de entrenamiento en fortaleza mental y emocional. (…)

El conformismo, la falta de reflexión, el no dar iniciativas, el no tomar riesgos, hace que nos acomodemos y en lugar de vivir de verdad la vida, simplemente la veamos pasar.

Por eso os recomiendo cuatro pasos para construir el futuro que merecéis y podéis tener:

  1. Comprometerse en mejorar un poco cada día.
  2. Planear cómo hacerlo elaborando una estrategia sencilla.
  3. Actuar.
  4. Aprender de vuestros logros y de vuestros fracasos.
  5. Mejorar de forma continua.

“El hombre sabio no cuenta sus sueños a los demás porque se reirían de él y dirían: “¡IMPOSIBLE!”. Pero todos los días, arranca un fragmento de felicidad de su rutina diaria y, a lo largo del tiempo, va acumulando esos fragmentos como las hormigas acumulan sus provisiones. Y llega un día en el que reúne todos aquellos fragmentos y con ellos construye un castillo capaz de albergar un sueño” (Dr. MARIO ALONSO PUIG, La respuesta).

Entrenar las virtudes

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“Los valores se descubren y orientan nuestra forma de caminar. Las virtudes son el resultado de un entrenamiento constante en los valores, hasta que esos valores se convierten, por así decirlo, en una especie de segunda naturaleza. Exige por tanto un gran compromiso, una enorme persistencia y una extraordinaria paciencia en el entrenamiento en virtudes. Un entorno inspirador puede hacer mucho más sencillo que descubramos aquellos valores que dirigen nuestra vida en un sentido correcto.

Observar a personas que son un ejemplo de virtudes nos mueve a imitarlas y aprender de ellas. La influencia del entorno en las personas, sabemos por experiencia que puede ser muy grande. Por eso, todas aquellas personas que tienen una mayor notoriedad y relevancia social han de ser plenamente conscientes de la responsabilidad que tienen con sus palabras y su conducta. Su influencia sobre otras personas puede ser mucho mayor de lo que se imaginan.

Pensad en alguien que para nosotros sea un punto de referencia, porque os transmite alegría, ilusión o confianza. Si ese alguien dijera, por ejemplo, que todo da igual, que lo importante es sólo pasarlo bien…, resultaría más sencillo que muchas personas, las que lo admiran, tomaran sus declaraciones como un punto de referencia para sus vidas. Por eso hay un alto grado de responsabilidad asociado con la notoriedad” (Dr. MARIO ALONSO PUIG, La respuesta).

Entrevista per Ràdio Estel: Coaching, vacances, descans, nens, vida equilibrada (33’40 – 41’10)

llegir per vacances http://www.radioestel.com/audio/20150715-11_00FORMULAESTEL.MP3