Poner a prueba tus valores

Los héroes son aquellos que no se desvían atraídos por los cantos de las sirenas, los que siguen navegando a pesar de la tempestad, los que a pesar de los atajos siguen siendo coherentes consigo mismos y no dejan que su espíritu ni su corazón se corrompan. Y créeme: el camino está lleno de situaciones que van a poner a prueba tus valores (El arte de conseguir lo imposible. Cómo convertirte en héroe de tu propia vida. XAVIER PIRLA LLORENS).

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Entrenar las virtudes

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“Los valores se descubren y orientan nuestra forma de caminar. Las virtudes son el resultado de un entrenamiento constante en los valores, hasta que esos valores se convierten, por así decirlo, en una especie de segunda naturaleza. Exige por tanto un gran compromiso, una enorme persistencia y una extraordinaria paciencia en el entrenamiento en virtudes. Un entorno inspirador puede hacer mucho más sencillo que descubramos aquellos valores que dirigen nuestra vida en un sentido correcto.

Observar a personas que son un ejemplo de virtudes nos mueve a imitarlas y aprender de ellas. La influencia del entorno en las personas, sabemos por experiencia que puede ser muy grande. Por eso, todas aquellas personas que tienen una mayor notoriedad y relevancia social han de ser plenamente conscientes de la responsabilidad que tienen con sus palabras y su conducta. Su influencia sobre otras personas puede ser mucho mayor de lo que se imaginan.

Pensad en alguien que para nosotros sea un punto de referencia, porque os transmite alegría, ilusión o confianza. Si ese alguien dijera, por ejemplo, que todo da igual, que lo importante es sólo pasarlo bien…, resultaría más sencillo que muchas personas, las que lo admiran, tomaran sus declaraciones como un punto de referencia para sus vidas. Por eso hay un alto grado de responsabilidad asociado con la notoriedad” (Dr. MARIO ALONSO PUIG, La respuesta).

Nuestra incapacidad para decir “no”

NO expressionUno de los principales orígenes de nuestro distrés es nuestra incapacidad para decir “no” sin sentirnos culpables. El segundo de los orígenes es que con frecuencia no tenemos claras nuestras PRIORIDADES y dejamos que sean otras personas las que las decidan por nosotros. El tercero de los orígenes residiría en nuestra falta de coraje para dar la cara por nuestros VALORES. El cuarto de los orígenes es que nos cuesta muchísimo hablar con HONESTIDAD de nuestro sentir y a base de no mantener una conversación clara de forma inminente, solemos esperar a que llegue la ocasión propicia, la cual nunca acaba de llegar.

Esta dificultad para expresar nuestra emocionalidad va acumulando en nuestro interior un resentimiento que a nadie ayuda. Por otro lado, si transmitimos cómo nos sentimos sin ningún tipo de cortapisas, lejos de ayudar a que se produzca un entendimiento, sucede justo lo contrario.

Para nosotros, y especialmente en ciertas culturas del mundo, decir “no” es un enorme desafío porque nos arriesgamos a ser rechazados, y cuando estamos fuera de un grupo nos sentimos muchas veces solos y perdidos. De pequeños el rechazo del grupo hubiera significado nuestra muerte y de alguna manera ese registro, esa asociación en mayor o menor medida sigue viva en nosotros.

Como muchas veces no tenemos claras nuestras prioridades, carecemos de aptitudes para distinguir en nuestro día a día aquello que nos lleva hacia donde queremos ir, de aquello que nos lleva hacia donde no tenemos interés en llegar. Pretendemos entonces que todo sea prioritario y como si todo es prioritario nada es prioritario, invertimos nuestro tiempo, ponemos vida en muchas cosas que por ser intrascendentes, dejan que poco a poco muera la ilusión y con ello la alegría de sentirnos vivos. Hemos de reflexionar sobre qué va a ser prioritario y qué no lo va a ser en ese tesoro tan hermoso que es nuestra vida.

Los valores que guían nuestra existencia los ven los demás no por lo que decimos, sino por cómo actuamos, ya que al fin y al cabo nuestra vida es nuestro mensaje. El hecho de decidir qué va a ser valioso para nosotros nos lleva a descubrir aquello que se convierte en prioritario y nos da la fortaleza para saber decir “no” a algo que sin ser valioso ni prioritario nos pide no sólo tiempo, sino que también hace que nos olvidemos de todo aquello que paradójicamente daría el verdadero sentido a nuestras vidas.

Recuerdo muy bien lo que comentó un directivo durante un curso. Al parecer estaba tan ocupado con el trabajo que prácticamente no veía a su familia. Estaba casado y tenía dos niños de corta edad. Una noche al regresar a casa su mujer le dijo que no podían seguir así, y él le prometió que al día siguiente, que además coincidía con el cumpleaños de uno de los niños, llegaría antes a casa y los llevaría a cenar a un restaurante para celebrarlo.

Llegó el momento y el directivo cumplió su promesa y efectivamente llegó antes a casa, a las nueve de la noche. Su mujer y sus hijos estaban listos para salir cuando sonó el móvil. Quien lo llamaba era su director general, que le urgía a tener inmediatamente una reunión en su despacho. El directivo preguntó alarmado qué es lo que había pasado. Su jefe le contestó que no se asustara, que no había pasado nada grave, pero que dada la situación del mercado internacional era fundamental que se vieran.

En aquellos momentos difíciles, el hombre miró a los ojos de su mujer y de sus hijos y le contestó: “Mira, tengo un compromiso de tal naturaleza que no lo puedo romper, aun así te ofrezco que nos veamos en lugar de a las nueve y media, que es cuando llegaría a la oficina, dos horas después”.

Aquel hombre calculaba que ése era el tiempo que necesitaba para poder cenar con su mujer y sus hijos. Lo interesante es lo que ocurrió después de aquella conversación. Se produjo un silencio al otro lado del teléfono y su director general le contestó que entonces mejor dejaban la reunión para el día siguiente.

Si queremos avanzar hacia otra realidad en lo que se refiere a salud, eficiencia y bienestar, comencemos a trabajar para definir mejor esa escala de prioridades que tal vez ahora no tenemos demasiado clara. Descubramos qué es aquello que de verdad valoramos y que vamos a ver reflejado en las personas que más admiramos. En aquellas formas de ser que más nos inspiran.

Cerremos nuestros ojos, usemos nuestra mente y percibamos cómo sería nuestra existencia si el velero de nuestra vida navegara siguiendo el rumbo que marcan nuestras prioridades y las velas las impulsara el viento de nuestros valores (Dr. MARIO ALONSO PUIG, Vivir es un asunto urgente).

Porque queremos vivir de esa manera

XII JUEGOS DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS“Cuando se ha creado una verdadera cultura basada en el liderazgo, existe un verdadero espíritu de cooperación. Las personas pierden no su individualidad, pero sí su individualismo. Los grandes valores como la generosidad, el respeto, la amistad, emergen en este clima que favorece que salga lo mejor de nosotros mismos. Los valores no son medios para conseguir cosas que nos beneficien, sino que son fines en sí mismos. Si practicamos la generosidad, es importante que no lo hagamos para conseguir algo, sino porque queremos vivir de esa manera. Muchos valores no los practicaremos si esperamos algo a cambio, porque lo que muchas veces obtendremos puede ser decepcionante. Sin embargo, si los practicamos porque consideramos que su práctica nos perfecciona como seres humanos y nos acerca a nuestra plenitud, entonces y sin buscarlo, será precisamente el ejercicio de esos valores, el que elevará la altura de nuestras almas” (Dr. MARIO ALONSO PUIG, Madera de líder).

El teu comportament parla tan fort que no deixa sentir el que dius

????????????????????????????????????????????????????La coherència és un element fonamental en la transmissió de qualsevol valor. De manera que si parlo de valors i no els avalo amb la pròpia vida mai seré convincent: quedaran en paraules buides que no entraran en el cor de ningú (fills, alumnes, companys, parella, amics, societat, empleats, ciutadans, votants…).

Però no n’hi prou amb el testimoni personal per a la transmissió de valors. Cal que sigui un testimoni alegre, engrescador, portador de vida, esperançat, respectuós. Per això és bo que ens preguntem sincerament quin és el nostre estil de vida perquè això és el que transmetem. No el que diem!

Els valors que intentem viure, els nostres ideals poden ser una força que faci sorgir el millor de nosaltres mateixos i que ens impulsi a construir un món més humà. Però cal coherència. Val la pena viure així, val la pena deixar petjades de bondat per tot arreu on anem passant.

Tanmateix no oblidem aquell pensament tan realista d’Alfred Adler: “és més fàcil lluitar per uns principis que viure d’acord amb ells”. Així és com valors i hàbits han d’anar ben agafats de la mà sense baixar la guàrdia massa perquè sinó cadascun camina pel seu costat.