Nos hemos insensibilizado

“Si consigues liberarte de los estados de intoxicación por sobreestimulación, descubrirás que hay un mundo más allá, un mundo de sensibilidad y de riqueza inalcanzable en el mundo material. ¡Cuidado! Es muy fácil dejarse llevar por los deslumbrantes resortes de la vida a la que estamos acostumbrados, sobre todo porque después de tanta estimulación nos hemos insensibilizado.

Permítete disfrutar de un momento de silencio, de quietud, de recogimiento y volverás a encontrarte con tu esencia, con aquello que te define como ser, y como héroe de tu propia vida” (El arte de conseguir lo imposible. Cómo convertirte en héroe de tu propia vida. XAVIER PIRLA LLORENS).

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Existen tres venenos: la culpa, la desesperanza y la humillación

veneno

En la vida muchos hemos encontrado o vamos a encontrar personas que nos claven sus colmillos (…). Muchos intentarán introducirnos su veneno y nosotros hemos de evitarlo y si en ese momento no podemos, hemos de evitar que nos siga intoxicando a lo largo de nuestra vida.

Existen tres venenos que pueden tener un efecto muy negativo en nosotros si no conocemos sus antídotos y la forma de aplicarlos.

El primero es el veneno de la culpa. Cuando uno lo recibe, no se siente triste por algo que ha hecho, se siente culpable. La tristeza invita a reparar el daño porque te importa la otra persona, mientras que la culpa lleva a reparar el daño para no sentirse culpable. Además, la mayor parte de las veces, la culpa paraliza en lugar de mover a la acción.

Hay personas que nos introducen el veneno de la culpa porque saben que de esa manera somos más manipulables. Recuerdo una ocasión en la cual a una persona que trabajaba en una empresa la llamó su jefe a las diez de la noche a su despacho sin encontrarla allí. Al día siguiente su jefe le comentó que la había llamado a esa hora esperando encontrarle en su despacho y que al no estar allí para coger su llamada, había quedado bastante decepcionado. Ese mismo día su jefe volvió a llamarla a las diez de la noche y mostró su satisfacción al encontrarla en su sitio. No es que tuviera que decirle nada especial, sencillamente quería someterla. El veneno de la culpa había hecho su efecto, una vez más había un dominador y un dominado.

Otro de los venenos es el de la desesperanza. Lo inoculan personas de actitud muy negativa y que sólo se sienten cómodas cuando los demás ven las cosas con la misma negrura que ellos. Disfrutan minusvalorando los éxitos y los logros de otros. Llaman a los sueños utopías y gustan de hablar sólo de lo que está mal y lo hacen de una forma que lleva a otros a pensar que lo que está mal sólo puede llegar a estar peor. Es una actitud vital que se extiende a la totalidad de lo existente y no sólo a una parcela de las cosas. Son como agujeros negros que aspiran nuestra energía y nos dejan exhaustos y deprimidos. Junto a ellos, mientras no cambien de mentalidad no puede haber vitalidad ni alegría.

El tercer veneno es el de la humillación, que te hace sentir como si fueras una persona de menor categoría y te lleva a creer que los demás también te ven así. Hay una sensación de sentirse permanentemente juzgado y valorado para ver si se da la talla. Por miedo a no estar a la altura, uno tiende a aislarse y a no probar cosas nuevas. Este veneno fue el utilizado de forma permanente para inocular a los refugiados camboyanos durante el régimen sanguinario de Pol Pot. Los camboyanos que emigraron a Estados Unidos, a diferencia de las personas llegadas de otros lugares en conflicto en el mundo, eran incapaces de abrirse camino allí.

Pronto se descubrió lo que les pasaba. Más allá del sufrimiento por sus seres queridos aniquilados por aquel régimen tan cruel, existía algo, un tóxico que seguía actuando en ellos y que les originaba un profundísimo sentimiento de inferioridad. De manera sistemática, sus carceleros en Camboya les habían transmitido una y otra vez la idea de que eran seres inferiores, que nunca llegarían a nada. Al final, ellos se lo habían creído. Hasta que no se descubrió ese veneno, estas personas no pudieron disfrutar en Estados Unidos de un nuevo amanecer en sus vidas.

Si queremos vivir como seres libres, nunca justifiquemos lo que hemos hecho de nuestras vidas en base a lo que otros hicieron con nosotros. Si lo hacemos, seremos nosotros quienes mantendremos en nuestro cuerpo la toxicidad de aquel veneno y nuestra vida estará llena de excusas, pero no de resultados. No justifiquemos nuestro rechazo a los demás porque otros nos rechazaron, o nuestro pesimismo porque nunca nadie nos alentó a vivir con alegría. El pasado siempre existirá, pero nuestro futuro puede ser mucho más que nuestro pasado. Seguir dando vueltas una y otra vez a ello es ingerir continuamente un tóxico y pensar que va a matar a la otra persona.

Nadie puede determinar nuestro valor y mucho menos cuando ya nos han colocado una etiqueta. Por todo ello, todo lo negativo que nos puedan decir hará referencia tal vez a lo que hemos hecho y en algunos casos merecerá por nuestra parte más de una reflexión, a lo que no puede hacer referencia es a quiénes somos, a nuestra auténtica naturaleza, ya que ésa sólo la conoce quien nos ha creado (Dr. MARIO ALONSO PUIG, Vivir es un asunto urgente).

Nuestro interior está lleno de belleza y fortaleza

belleza y fortaleza

Cuando sufrimos, cuando nos sentimos torpes, pequeños y confundidos creemos que los demás van a darse cuenta de que no éramos quienes pretendíamos ser ante sus ojos: seres invulnerables, capaces de controlarlo todo, felices y equilibrados.

Como consecuencia de esa idea, de esa sensación de “desnudez” frente a los demás, llegamos a la curiosa conclusión de que eso que siempre hemos tenido, el miedo de ser, va a quedar expuesto ante sus ojos.

Por eso pienso que surge esa tendencia a ocultarse, a negar, a disimular, a intentar aguantar como sea los retazos que quedan de aquello que pretendíamos ser, que fingíamos ser. Es algo así como intentar aguantar como sea la fachada de un edificio que por dentro está en ruinas para que los que la contemplen sigan pensando que el edificio es maravilloso.

No puedo ni imaginarme la energía que tenemos que emplear y el desgaste físico e intelectual que nos origina esta obsesión en mantener nuestra fachada. Lo sorprendente es que todavía la mayor parte de los seres humanos no nos hayamos dado cuenta de que en realidad el edificio que está tras la fachada no está en ruinas, sino que en sí es una maravilla y que, de hecho, en calidad y en hermosura es infinitamente mejor que fachada que lo tapa y a la que atribuimos la única belleza.

La fuerza y la confianza para ponernos en marcha como los que creen que pueden y no como los que se creen incapaces no surge de la imagen que tengamos de nosotros mismos, un edifico en ruinas, sino de cómo podríamos vernos si de verdad creyéramos que hay algo en nuestro interior que está lleno de belleza y fortaleza (Dr. MARIO ALONSO PUIG, Vivir es un asunto urgente).

Nos enteramos tarde del sufrimiento de alguien muy querido

agudeza sensorial

En muchas ocasiones nos enteramos tarde del sufrimiento que alguien muy querido ha estado llevando sobre sus hombros. En ese momento sale de nosotros una dulce protesta: “Si me lo hubieras dicho antes, si tan sólo hubieras pedido mi ayuda, si me hubieras hecho partícipe de aquello que te estaba ocurriendo, entonces sin duda te habría ayudado”.

Estos comentarios son la mayoría de las veces por una parte sinceros y por otra revelan hasta qué punto las personas hemos perdido esa agudeza sensorial que nos permite descubrir el sufrimiento de otras personas antes de que ellas pidan ayuda. (…)

Es muy complicado entender por qué a las personas nos cuesta tanto pedir ayuda cuando hay prácticamente siempre alguien a nuestro alrededor que nos la podría brindar. Tal vez no sería capaz de ayudarnos a resolver el problema, pero lo que sí haría es escucharnos y eso en sí ya puede ser una gran ayuda. Creo que hemos sido condicionados para avergonzarnos si manifestamos nuestros sentimientos de soledad, nuestra confusión, nuestra pena o nuestro miedo.

La vergüenza es una emoción devastadora y de consecuencias mucho más negativas que la culpa. La culpa es un sentimiento por lo que hacemos, mientras que la vergüenza la experimentamos por lo que somos. La vergüenza es más honda, tiene más calado. La vergüenza nos mueve a pedir algo que jamás pediríamos si estuviéramos en nuestros cabales y que es que “la tierra nos trague”.

Los seres humanos tenemos una esencia que es extraordinaria. Ésta representa la auténtica sabiduría. Su capacidad de reparar tanto nuestras heridas físicas como aquellas que no por ser invisibles duelen menos es inmensa.

Nuestra esencia, nuestro verdadero ser, conoce lo que necesitamos y puede darnos los recursos que precisamos. Sólo pide que creamos en su existencia como parte de lo que somos y que no enfoquemos nuestra atención en eso que tememos ser, personas sin la suficiente inteligencia, personas que no son merecedoras de ser amadas.

Tenemos un miedo inmenso a ser eso que tememos ser, hemos hecho una definición tan pobre y limitante de nosotros mismos que empleamos la mayor parte de nuestro tiempo y de nuestra energía intentando impresionar a los demás con una imagen diferente, con un continuo pretender ser (Dr. MARIO ALONSO PUIG, Vivir es un asunto urgente).

Tots podem canviar

Businessman hand drawing a clock on whiteboard with time for change concept for planning, improvement and progress

“Tots podem canviar, i ho podem fer de manera radical. Caldrà que ens armem d’un bon mètode i d’unes bones dosis de treball, però la recompensa serà probablement la més important de les nostres vides: esdevenir les persones que volem ser” (RAFAEL SANTANDREU, Les ulleres de la felicitat).

Túnel sin salida

tunnelProbablemente muchos de nosotros hemos entrado en algún momento de nuestra vida en algún lugar que se encontraba completamente a oscuras. De manera casi instintiva hemos extendido los brazos hacia delante para intentar distinguir los obstáculos antes de chocar contra ellos.

Nuestro caminar era lento e inseguro porque nuestra principal ayuda, la vista, en ese momento no estaba operativa. Si alguien hubiese encendido en algún momento una simple cerilla, podríamos haber empezado a distinguir de inmediato el camino para salir de aquella oscuridad. Notaríamos cómo nos iríamos relajando de manera paulatina y empezaríamos a distinguir multitud de objetos que antes permanecían ocultos a nuestros ojos.

Cuando nos veamos a nosotros mismos metidos en un “túnel” sin salida, es importante tener presente que esta circunstancia no la causa la falta de recursos importantes, como la inteligencia, la memoria o la imaginación. El causante de esta situación lo encontramos en lo que se denomina un estado mental limitante.

Para entender esto con mayor facilidad vamos a utilizar una analogía. Visualicemos a uno de los mejores jugadores de baloncesto que haya en el mundo. Sus habilidades le permiten encestar sin dificultad. Imaginemos que a ese mismo jugador lo introducimos en una gran caja transparente y cerrada. ¿Verdad que por bueno que sea mientras no salga de su caja no podrá encestar?

Esa caja representa un estado mental limitante que restringe toda movilidad y puede anular por completo todo su talento. El jugador de baloncesto no es limitado, sino que hay una estructura que lo limita. Ésta es una distinción fundamental que necesitamos hacer.

Cuando nos sintamos imposibilitados para resolver algo porque nos vemos a nosotros mismos un el interior de un túnel, empecemos por acostumbrarnos a reflexionar, a pensar que no es que no exista la salida a ese túnel, sino que mientras no cambiemos de estado mental, sencillamente, no la veremos.

Puede que parezca a primera vista que esta distinción no es relevante y, sin embargo, sí lo es y mucho, porque es la misma distinción que existe entre ser torpe o realizar torpezas, entre ser un fracasado y cometer errores.

Es muy diferente el impacto que tiene en nosotros una conversación cuando usamos el verbo ser o el verbo tener. De ahí que resalte tanto la importancia de que cambiemos la interpretación de la frase “soy limitado” por la de “en este preciso momento estoy experimentando unas limitaciones”. El lenguaje no sólo describe la realidad, sino que además es capaz de crearla. Nuestra forma de hablarnos a nosotros mismos afecta tremendamente a nuestra manera de relacionarnos con el mundo.

En esos momentos en los que nuestra capacidad de razonar y de reflexionar se encuentra limitada, la salida del túnel a veces no pasa por pensar, sino por actuar, por no quedarnos inmovilizados.

Demos un paso adelante, aunque sea muy pequeño, hagamos algo, una llamada, tomemos una pequeña decisión aunque no sea perfecta. El distrés nos paraliza o nos invita a huir. Por eso es tan importante moverse, hacer algo, dar un paso adelante. Un movimiento sencillo lleva un mensaje de gran impacto a nuestro cerebro: “¡Yo puedo!” Es una pena que porque haya tantas personas que piensen que lo que pueden hacer es tan poco que no vale la pena, haya tantas personas que no hagan nada (Dr. MARIO ALONSO PUIG, Vivir es un asunto urgente).

Un territori desconegut i imprevisible

amar riesgo“Hi ha un vincle molt íntim entre els verbs ser i estimar. Qui estima, no tan sols dóna allò que té als altres, sinó que dóna el que és; per això diem que, quan algú estima, es dóna als altres, es dóna a si mateix. En aquest sentit, l’estimació es relaciona, directament, amb l’autodonació, amb l’oferiment del jo. Però estimar no vol dir, tan sols, donar-se a l’altre, sinó vetllar per l’altre, convertir-se en el “guardià del germà”. Qui estima, desitja que l’altre sigui el que està cridat a esdevenir. (…)

És cert que l’amor ens pot conduir als cims més alts de felicitat, però també a les contrades més inhòspites de la infelicitat. Qui estima, penetra en un territori desconegut i imprevisible, viurà experiències que no sabrà descriure, però també sofriments que no podrà relatar. Quan un cor no se sent estimat per qui voldria, quan hom veu que l’altre és indiferent al seu patiment, se sent profundament desgraciat, encara que hagi buscat el seu bé, o, precisament, per això mateix. (…)

L’acte d’estimar l’altre sempre comporta un risc, però fóra una insensatesa negar-se a estimar per por de patir la pèrdua de l’altre. Seria molt poruc intentar mantenir-se en una permanent insensibilitat davant de l’altre, per no sucumbir a l’acte d’estimar. Diu Ramon Llull que el qui no desitja viu molt trist, però la pregunta és si es pot viure humanament sense desitjar. Vivint, ens veiem conduïts a estimar i, en estimar, experimentem el patiment per l’altre” (ARMAND PUIG i FRANCESC TORRALBA, La felicitat).