La consecución de un objetivo

La consecución de un objetivo, de un deseo o de un sueño es más que el hecho de llegar allí. Es un camino interior, donde lo más importante es el aprendizaje que realizas a medida que avanzas hacia tu objetivo. Las situaciones que surgen, los momentos de dificutad, los problemas que debes resolver, las personas que se cruzan en tu vida, todo esto son oportunidades para aprender y mejorar, y te permiten entender mucho mejor quién eres tú y de lo que eres capaz.

Sólo poniéndote a prueba, sólo saliendo de tu zona de confort, vas a descubrir quién eres realmente. Por eso, no hay  camino que no pueda ser un objetivo en sí mismo y que, con la actitud adecuada, no te permita triunfar y convertirte en un héroe.

Los compañeros de viaje vendrán y se irán, y eso es parte del proceso de vivir. Habrá gente que aportará mucho a tu vida, y otros que, aunque no lo busquen y no lo parezca, también lo harán (siempre y cuando sepas aprender de ellos).

En definitiva, para mí, conseguir un objetivo es mucho más que alcanzarlo, es el propio proceso de haberlo realizado de que cuenta tanto o más. Son las alianzas hechas por el camino, los amigos ganados y los perdidos, la sabiduría cultivada, el valor descubierto dentro de ti, la inteligencia, la astucia, el atrevimiento para resolver situaciones. En definitiva, el descubrimiento (El arte de conseguir lo imposible. Cómo convertirte en héroe de tu propia vida. XAVIER PIRLA LLORENS).

Víctimas de lo que pasa a nuestro alrededor

Me gusta mucho el lema de san Francisco de Asís, adoptado por los AA (Alcohólicos Anónimos), que dice así: “Señor, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar, y la sabiduría para reconocer la diferencia”. Como ya te he comentado, hay personas que están peleadas con el mundo, y siempre se quejan de cosas que no pueden cambiar. Sienten dolor y culpan de ello a su entorno. Sólo son víctimas de los sucesos que pasan a su alrededor (El arte de conseguir lo imposible. Cómo convertirte en héroe de tu propia vida. XAVIER PIRLA LLORENS).

Por favor, gracias, lo siento…

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Pienso que hay tres sencillas frases que abren muchas puertas: la primera es “por favor”, la segunda, “gracias” y la tercera, “lo siento”.

Creo que los conocimientos son muy importantes y que, si cabe, la experiencia aún lo es más. Sin embargo, para hacer frente a algunos de los desafíos más complejos que la vida nos presenta es necesario algo más que los conocimientos y la experiencia, es necesaria la filosofía, que no es otra cosa que el amor a la sabiduría.

Sócrates, uno de los más grandes filósofos que han existido, decía que cuando los dioses querían destruir a un ser humano, primero lo convertían en arrogante y así él mismo se destruía. La filosofía, el amor a la sabiduría nos invita a la humildad.

Séneca, otro de los grandes filósofos, decía que no nos da miedo hacer las cosas porque sean difíciles, sino que las cosas son difíciles porque nos da miedo hacerlas.

El gran psicoanalista suizo Carl Jung decía que la mayor parte de los problemas mentales no se solucionaban con psiquiatría, sino con filosofía. El resentimiento, la frustración alimentan de forma continua un torrente de pensamientos negativos que con el tiempo pueden llevarnos a una depresión. Solemos pensar que una persona tiene pensamientos negativos porque está deprimida y no que está deprimida porque no para de tener pensamientos negativos.

La ansiedad permanente es la gran enfermedad de nuestro tiempo y es causada por el continuo bombardeo de pensamientos negativos y limitantes que penetran sin permiso en nuestra conciencia (Dr. MARIO ALONSO PUIG, Vivir es un asunto urgente).

Nos enteramos tarde del sufrimiento de alguien muy querido

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En muchas ocasiones nos enteramos tarde del sufrimiento que alguien muy querido ha estado llevando sobre sus hombros. En ese momento sale de nosotros una dulce protesta: “Si me lo hubieras dicho antes, si tan sólo hubieras pedido mi ayuda, si me hubieras hecho partícipe de aquello que te estaba ocurriendo, entonces sin duda te habría ayudado”.

Estos comentarios son la mayoría de las veces por una parte sinceros y por otra revelan hasta qué punto las personas hemos perdido esa agudeza sensorial que nos permite descubrir el sufrimiento de otras personas antes de que ellas pidan ayuda. (…)

Es muy complicado entender por qué a las personas nos cuesta tanto pedir ayuda cuando hay prácticamente siempre alguien a nuestro alrededor que nos la podría brindar. Tal vez no sería capaz de ayudarnos a resolver el problema, pero lo que sí haría es escucharnos y eso en sí ya puede ser una gran ayuda. Creo que hemos sido condicionados para avergonzarnos si manifestamos nuestros sentimientos de soledad, nuestra confusión, nuestra pena o nuestro miedo.

La vergüenza es una emoción devastadora y de consecuencias mucho más negativas que la culpa. La culpa es un sentimiento por lo que hacemos, mientras que la vergüenza la experimentamos por lo que somos. La vergüenza es más honda, tiene más calado. La vergüenza nos mueve a pedir algo que jamás pediríamos si estuviéramos en nuestros cabales y que es que “la tierra nos trague”.

Los seres humanos tenemos una esencia que es extraordinaria. Ésta representa la auténtica sabiduría. Su capacidad de reparar tanto nuestras heridas físicas como aquellas que no por ser invisibles duelen menos es inmensa.

Nuestra esencia, nuestro verdadero ser, conoce lo que necesitamos y puede darnos los recursos que precisamos. Sólo pide que creamos en su existencia como parte de lo que somos y que no enfoquemos nuestra atención en eso que tememos ser, personas sin la suficiente inteligencia, personas que no son merecedoras de ser amadas.

Tenemos un miedo inmenso a ser eso que tememos ser, hemos hecho una definición tan pobre y limitante de nosotros mismos que empleamos la mayor parte de nuestro tiempo y de nuestra energía intentando impresionar a los demás con una imagen diferente, con un continuo pretender ser (Dr. MARIO ALONSO PUIG, Vivir es un asunto urgente).