Nuestro interior está lleno de belleza y fortaleza

belleza y fortaleza

Cuando sufrimos, cuando nos sentimos torpes, pequeños y confundidos creemos que los demás van a darse cuenta de que no éramos quienes pretendíamos ser ante sus ojos: seres invulnerables, capaces de controlarlo todo, felices y equilibrados.

Como consecuencia de esa idea, de esa sensación de “desnudez” frente a los demás, llegamos a la curiosa conclusión de que eso que siempre hemos tenido, el miedo de ser, va a quedar expuesto ante sus ojos.

Por eso pienso que surge esa tendencia a ocultarse, a negar, a disimular, a intentar aguantar como sea los retazos que quedan de aquello que pretendíamos ser, que fingíamos ser. Es algo así como intentar aguantar como sea la fachada de un edificio que por dentro está en ruinas para que los que la contemplen sigan pensando que el edificio es maravilloso.

No puedo ni imaginarme la energía que tenemos que emplear y el desgaste físico e intelectual que nos origina esta obsesión en mantener nuestra fachada. Lo sorprendente es que todavía la mayor parte de los seres humanos no nos hayamos dado cuenta de que en realidad el edificio que está tras la fachada no está en ruinas, sino que en sí es una maravilla y que, de hecho, en calidad y en hermosura es infinitamente mejor que fachada que lo tapa y a la que atribuimos la única belleza.

La fuerza y la confianza para ponernos en marcha como los que creen que pueden y no como los que se creen incapaces no surge de la imagen que tengamos de nosotros mismos, un edifico en ruinas, sino de cómo podríamos vernos si de verdad creyéramos que hay algo en nuestro interior que está lleno de belleza y fortaleza (Dr. MARIO ALONSO PUIG, Vivir es un asunto urgente).

Vinculemos nuestro sentir a los hechos, no a las personas

gafas

Vinculemos nuestro sentir a los hechos, no a las personas; no los hagamos culpables de nuestros sentimientos. Recordemos que la mayor parte del dolor que causamos a otros seres humanos no lo hacemos por maldad, sino por ignorancia.

Hagamos que quede claro el impacto que esos hechos han tenido en nuestros sentimientos. Expliquemos también aquello que necesitamos y que tal vez sea una mayor comprensión, tal vez algunas aclaraciones o sentir que se nos tiene más en cuenta, tal vez un poco más de reconocimiento por el esfuerzo que hacemos.

Finalmente hagamos una petición en este sentido, que esté llena de claridad, que sea lo más concreta posible, que esté alejada de ambigüedades, que evite múltiples interpretaciones.

Recordemos que la rabia invita a que se abran puertas de encuentro, mas no hemos de intentar forzar a nadie a que las abra. En el momento en que nuestra petición, nuestra invitación se torne en exigencia, la puerta se mantendrá cerrada.

En la vida hay muy pocas seguridades absolutas, la mayor parte de las veces la inteligencia en nuestro actuar se definirá no por buscar la seguridad, sino por aumentar las posibilidades de tener éxito en aquello que es relevante para nosotros. Por eso, esta forma de conversar no asegura el entendimiento y, sin embargo, lo hace mucho más alcanzable  (Dr. MARIO ALONSO PUIG, Vivir es un asunto urgente).

El día que “aprendí” a hacer snow

Baqueira-el-mejor-escenario-para-hacer-snow1Comparto con vosotros una experiencia personal. La experiencia del invierno que “aprendí” a hacer snow y la aplicación de las fases para adquirir hábitos: deseo, capacidad, esfuerzo y repetición. Seguro que cada persona podría explicar una experiencia similar. Pues eso mismo que hemos hecho tantas veces de manera inconsciente también lo podemos hacer de manera consciente para adquirir nuevos hábitos; para conseguir actitudes concretas y para generar emociones que nos ayuden a crecer.

Adquiriendo hábitos

Deseo, capacidad, esfuerzo y repetición; deseo, capacidad, esfuerzo y repetición; deseo, capacidad, esfuerzo y repetición; deseo, capacidad, esfuerzo y repetición; deseo, capacidad, esfuerzo y repetición; deseo, capacidad, esfuerzo y repetición; deseo, capacidad, esfuerzo y repetición; deseo, capacidad, esfuerzo y repetición; deseo, capacidad, esfuerzo y repetición …

Fases para adquirir un hábito

En el camino hacia la excelencia es imprescindible crecer adquiriendo hábitos y en el trabajo para la adquisición de hábitos podemos distinguir 4 fases. Hace falta tener los ojos bien abiertos para descubrir nuevos retos; dedicación porque no nacemos enseñados; tiempo para poder repetir, equivocarse y volver a repetir; y como no, esfuerzo y perseverancia como en casi todas las cosas que valen la pena en la vida.

La búsqueda de la excelencia

Tenemos que buscar nuestra mejor versión. Y una pregunta muy interesante que nos podemos hacer es: “mi manera de trabajar, ¿cómo es? ¿va hacia la excelencia? ¿es mediocre? ¿es la ley del mínimo esfuerzo? ¿es ir tirando? ¿es cumplir el expediente y ya está? ¿es tanta que al final voy estresado y tampoco rindo?

Mariposas y capullos

mariposas en el estomago

Un estudiante de biología está en el laboratorio con su profesor. Analizan el proceso por el que los gusanos de seda se convierten en mariposas. Diez capullos han empezado a romperse y, poco a poco, van abriéndose.

Cuando quedan tres capullos por romperse, el profesor dice al alumno:

– Tengo una reunión, te dejo aquí para que los vigiles. Yo vuelvo en menos de una hora.

Minutos después, se abre un capullo más y la mariposa sale volando. Luego, otro capullo se abre y otra mariposa sale de su interior.

Pasa media hora y el último capullo aún no se ha abierto. El alumno se preocupa, “vendrá el profesor y este capullo aún sin romperse, va a pensar que he hecho algo”, reflexiona, así que coge un cúter y le hace un pequeño corte al capullo para ayudarlo. La mariposa despliega las alas, arranca a correr pero es incapaz de levantarlas… y no puede volar. “A ver si le habré cortado un nervio…”, se preocupa.

Llega el profesor y le pregunta cómo ha ido, el alumno responde:

– Bueno, bien, sí… todos han salido… menos éste, que no vuela.

– ¿Ha ido todo normal? – pregunta el profesor.

– Bueno, nada malo, al contrario, lo he ayudado un poco a romper el capullo, porque pensé que la mariposa podría morir si no intervenía… pero tal vez le he roto un nervio o un ala…

– No le has roto un ala, pero la has hecho una inútil de por vida. Porque la mariposa, gracias al esfuerzo que hace para romper el capullo, consigue que las alas se irriguen con sangre y pueda usarlas. Si no es ella la que rompe el capullo, ya no va a poder volar.

¡Uf! Esta historia me encanta, pero tiene varias enseñanzas difíciles de aceptar: no podemos hacer el trabajo por los demás, no podemos dejar que los demás hagan el trabajo por nosotros y no podemos evitar el dolor y el esfuerzo (XESCO ESPAR, Jugar con el corazón).