Una instancia intermedia: los pensamientos

Las personas solemos tener la impresión de que los hechos externos -lo que nos sucede- impacta sobre nuestras vidas produciendo emociones: rabia o satisfacción, alegría o tristeza… Existiría, según esta idea, una asociación directa entre suceso y emoción. (…)

Pues bien, la psicología cognitiva, (…), nos dice que esto no es así. Entre los hechos externos y los efectos emocionales existe una instancia intermedia: los pensamientos. (…)

Cuando nos habituamos a evaluar de una forma más exacta, realista y positiva, nuestras emociones se vuelven mucho más serenas, porque recordemos: las emociones que sentimos son siempre producto de nuestros pensamientos o evaluaciones. (…)

El sistema cognitivo consiste en transformar nuestra forma de pensar, nuestro diálogo personal, nuestra manera de evaluar lo que nos sucede… para dejar de quejarse y empezar a disfrutar de lo que está a nuestro alcance. Y llegar a hacerlo de forma tan automática que ésa sea nuestra primera opción mental (El arte de no amargarse la vida. Las claves del cambio psicológico y la transformación personal. RAFAEL SANTANDREU).

El perdón y el olvido

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Para mí perdonar no es sinónimo de olvidar, sino que consiste en que, sin olvidar lo que ha pasado, y subrayando que es bueno que conozcamos que las cosas ocurrieron así, esos acontecimientos no generen rechazo hacia la persona “perdonada” aunque sí pueda rechazarse sin paliativos lo que pudo haber hecho.

El perdón reduce, o incluso anula, el peso negativo de las malas experiencias en mi vida. Puedo perdonar a una persona y sencillamente no querer volver a verla nunca más. Pensaré: “Aquello ocurrió. Te perdono, no siento ira contra ti, no tengo ningún deseo de venganza pero tus valores y los míos no son compatibles, no tengo por qué vivir contigo”.

El perdón libera mucho más al que perdona que al perdonado. A quien vive en el rencor y el resentimiento, algo le come por dentro, porque no se ha liberado, no ha perdonado. El perdón ayuda a construir un futuro que no sea una simple prolongación del pasado.

El recuerdo tiene tres elementos. El primero es un dato objetivo que ocurrió. Si alguien me pega con una botella en la cabeza, el dato objetivo es la agresión, el golpe y la brecha que me produjo. El segundo elemento consiste en la emoción que experimenté en el mismo instante en el que se producía el acontecimiento. En ese caso sería el dolor.

No sólo eso forma un recuerdo. Hay un tercer elemento que es clave y que consiste en la valoración, en la interpretación que hice de ese hecho. El conjunto es lo que crea la experiencia que nos queda. Podemos transformar el registro de la memoria si conseguimos que quien recuerda evalúe los acontecimientos y sus emociones de una manera diferente (La respuesta, Dr. MARIO ALONSO PUIG).

Aceptar lo que sentimos y conversaciones suicidas

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Cuantas personas piensan que hablar claro y de manera directa es clave y, sin embargo, qué pocas se atreven en el momento de la verdad a hacerlo. Yo no creo que ello se deba a una falta de valor, sino a carecer de la metodología adecuada que nos dé la confianza necesaria a la hora de expresar lo que es necesario e importantísimo que sea escuchado si queremos que exista conexión y comprensión.

Lo primero que hemos de entender es que nuestra mente no ha sido entrenada en buscar hechos, sino en generar juicios. Por ejemplo, decimos: “hija mía, me molesta lo desordenada que eres”, en lugar de decir que en los cuatro últimos días cuando he llegado a casa me he encontrado los juguetes por el suelo. (…)

No solemos hablar de hechos, sino emitir juicios y pensar que la otra persona nos va a entender. La observación atenta muestra que cuando la otra persona oye el juicio por objetivo que nos parezca, deja automáticamente de escuchar, contraataca o se pone a la defensiva.

Si lo que queríamos es que esa persona comprendiera nuestro sentir, logramos justo el efecto contrario, de nuevo se ha creado una conversación suicida. Por todo ello, es esencial buscar hechos y no emitir juicios por verdaderos que nos parezcan o como defensa cuando nos sentimos heridos.

Lo segundo que es crucial es expresar nuestro sentir. A veces pensamos que no se pueden tener ciertas emociones, como la ira hacia un ser querido o incluso miedo y, sin embargo, es absurdo negar lo que sentimos precisamente por eso, porque ha de ser real cuando lo experimentamos.

Tampoco me parece que sentirse culpable por tener estos afectos ayude en nada, porque la culpa tiene mucho de paralizante y ha sido usada y abusada como chantaje emocional que nos hace ser manipulables como títeres.

Aceptar lo que sentimos es un paso esencial para poder luego expresarlo sin culpabilizar para nada a la otra persona. En el momento en que le digamos a alguien por objetivo y razonable que nos parezca que él o ella son los culpables de nuestro sufrimiento, en la mayor parte de los casos y de forma automática, se habrá cortado la comunicación.

Es importante contar mi sentir como la realidad que yo vivo, sin vincularla a la persona y sí a los hechos que describí en un comienzo. (…) Es importante comprender que cuando nosotros en lugar de enjuiciar buscamos hechos, que cuando en lugar de rechazar o de negar nuestras emociones las aceptamos, lo que simplemente quiere decir que reconocemos que existen, aunque puedan no gustarnos, toda nuestra emocionalidad empieza a cambiar y nosotros, que en ese momento estábamos enajenados, empezamos a reequilibrarnos y con ello se estabilizan tanto nuestro tono de voz como nuestros gestos, que tienen un impacto tan grande en el proceso de comunicación.

Es sólo cuando hemos presentado unos hechos y los hemos vinculado con nuestro sentir, cuando podemos expresar nuestras necesidades y no esperar a que la otra persona las descubra. No es sencillo para nosotros descubrir lo que las otras personas sienten si no nos dan ninguna pista (Dr. MARIO ALONSO PUIG, Vivir es un asunto urgente).

El perdón libera mucho más al que perdona que al perdonado

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Para mí perdonar no es sinónimo de olvidar, sino que consiste en que, sin olvidar lo que ha pasado, y subrayando que es bueno que conozcamos que las cosas ocurrieron así, esos acontecimientos no generen rechazo hacia la persona “perdonada” aunque sí pueda rechazarse sin paliativos lo que pudo haber hecho. (…)

El perdón reduce, o incluso anula, el peso negativo de las malas experiencias en mi vida. Puedo perdonar a una persona y sencillamente no querer volver a verla nunca más. Pensaré: “Aquello ocurrió. Te perdono, no siento ira contra ti, no tengo ningún deseo de venganza pero tus valores y los míos no son compatibles, no tengo por qué vivir contigo”. (…)

El perdón libera mucho más al que perdona que al perdonado.

A quien vive en el rencor y el resentimiento, algo le come por dentro, porque no se ha liberado, no ha perdonado. El perdón ayuda a construir un futuro que no sea una simple prolongación del pasado.

El recuerdo tiene tres elementos. El primero es un dato objetivo que ocurrió. Si alguien me pega con una botella en la cabeza, el dato objetivo es la agresión, el golpe y la brecha que me produjo. El segundo elemento consiste en la emoción que experimenté en el mismo instante en el que se producía el acontecimiento. En este caso sería el dolor.

No sólo eso forma el recuerdo. Hay un tercer elemento que es clave y que consiste en la valoración, en la interpretación que hice de ese hecho. El conjunto es lo que crea la experiencia que nos queda.

Podemos transformar el registro de la memoria si conseguimos que quien recuerda evalúe los acontecimientos y sus emociones de una manerea diferente (Dr. MARIO ALONSO PUIG, La respuesta).

Trabajar con el corazón

Voy a poner todo mi talento, toda mi pasión, toda mi fuerza y todas mis emociones en conseguir este objetivo personal o profesional. Existen tres tipos de personas…