Tu esencia lo es todo

Recuerda: tu esencia lo es todo, tu núcleo, aquello que te define, que te hace ser como eres, no tiene precio, no se puede poner a la venta ni en subasta. Tarde o temprano se va a cobrar un precio, y a veces ese precio puede ser muy alto. (…)

Insisto: si tu objetivo, tu sueño, tu anhelo te apasiona, no deberías ponerte excusas que te impidan avanzar hacia él. ¿No lo ves? A no ser, claro está, que lo que pase es que estés agotado física y mentalmente. De nuevo volvemos a hablar de ecología. Acuérdate, nadie más va a cuidar de ti mismo, no debes olvidar mimar la máquina más preciosa que la madre naturaleza te puede haber dado: tu cuerpo, tu cabeza y tu corazón. Tres regalos que te permiten avanzar, pensar, calcular, crear, soñar, intuir, emocionarte, motivarte, sentirte orgulloso, amar.

Las diferentes partes que constituyen tu todo tienen que trabajar en armonía como lo hace una orquesta sinfónica, como lo hace un reloj, en perfecta sincronía y precisión para que fluyas sin esfuerzo emocional hacia ese lugar en el que quieres estar (El arte de conseguir lo imposible. Cómo convertirte en héroe de tu propia vida. XAVIER PIRLA LLORENS).

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Siempre que pienses en tus sueños es importante que tengas en cuenta…

Siempre que pienses en tus sueños, en la dirección que quieres tomar, es importante que tengas en cuenta el efecto que todo esto puede provocar en tu propia ecología. Conozco a muchas personas que cuando consiguen su sueño de convertirse en alguien importante o reconocido tras luchar toda su vida por lograrlo, sienten que por el camino han perdido una parte de ellos mismos. Están divorciados, no ven prácticamente a sus hijos, han perdido el respecto de sus amigos, o simplemente han desarrollado una enfermedad grave.

La ecología va muy unida a los valores, porque, al fin y al cabo, los valores son todo aquello que es importante para nosotros. Así pues, con nuestra ecología también vamos a tener en cuenta aquello que es importante para poder así conseguir lo que nos proponemos.

Hay una fantástica película de los hermanos Marx en la que aparece una escena donde están viajando a toda velocidad en un tren a vapor cruzando el lejano Oeste americano. Groucho Marx está en la parte de delante de la locomotora y grita: “¡Traedme más madera! ¡Más madera! ¡Esto es la guerra!”. Cuando se termina todo el combustible del tren, sólo les queda empezar a quemar toda la madera de los vagones para seguir avanzando. En una de las últimas escenas, prácticamente lo único que se ven son las plataformas de los vagones y a los pobres viajeros, caminando de pie por encima de ellas.

Esta imagen me resulta una buena metáfora de lo que estamos hablando: si empiezas a consumir toda la madera de tu tren, tarde o temprano te vas a quedar sin y ya no vas a poder seguir avanzando.

Una agradable cena con unos amigos, una tarde paseando por el parque con tu pareja, leer tranquilamente un libro bajo la sombra de un bonito árbol, o simplemente estar sentado en el sofá viendo una película relajado, puede parecer que no nos acerca a nuestro objetivo, pero quizá es precisamente lo que necesitas para conservar ese sutil equilibrio. Sacrificar parte de tu ecología, suele llevar a desequilibrios emocionales que acaban pasando una elevada factura a nuestro cuerpo y a nuestra mente.

A veces, pensamos que lo podemos sacrificar todo, simplemente porque creemos que el objetivo es más importante que nosotros mismos. Por muy honorable que sea el motivo que justifique tanto sacrificio, lo más probable es que no sea muy sostenible en el tiempo. Los sacrificios caracterizan a los héroes, pero a los héroes que no tienen otra alternativa. Un héroe es mucho más valioso vivo que muerto. Piénsalo: puede que esa acción fuera muy heroica, pero si ese héroe muere ya no se podrá repetir más. (…)

La ecología es vital para el mantenimiento de las condiciones de vida en nuestro maravilloso puntito azul en medio del universo, pero también lo es de nuestro propio universo interior.

Cuando ésta se deteriora, empezamos a experimentar problemas. Nos sentimos cansados, con poca motivación, tristes, sin ilusión. A veces, al principio, esas sensaciones no son muy intensas y quedan eclipsadas por el día a día, por la emoción de conseguir más, o por los problemas y preocupaciones a los que nos enfrentamos.

Ése es un buen momento para apretar el botón de parada de emergencia y revisar cómo te siente, y que hace que te sientas así. Revisa si alguna parte de tu ecología personal se está degradando, y revisa qué está pasando con tu objetivo y con el modo de conseguirlo. ¡Tú vales muchísimo más que tu objetivo! ¡Seguro! (El arte de conseguir lo imposible. Cómo convertirte en héroe de tu propia vida. XAVIER PIRLA LLORENS).

Experimentar la naturaleza del verdadero amor

miedo al amor

En una ocasión, el Señor de las tinieblas convocó en su tenebroso palacio a los más encarnizados enemigos del hombre y se dirigió a ellos de la siguiente manera:

– Llevo miles de años intentando destruir al hombre, acabar con su existencia, para ello he creado todo tipo de conflictos y guerras, pero cuando parecía que al final lograba lo que tanto anhelo, aparecía Él y evitaba que el ser humano desapareciera de este planeta. A veces aparecía disfrazado de sonrisa, otras de una mano amiga e incluso a veces de una simple palabra de consuelo y, sin embargo, a mí nunca me engañó, porque siempre supe que tras los mil disfraces se ocultaba mi más terrible enemigo, el Amor. Entregaré la mitad de mi reino a aquel de vosotros que me traiga el cadáver del Amor entre sus brazos.

Murmullos y aullidos se escucharon en aquel salón oscuro. De repente, uno de aquellos siniestros personajes se abrió paso a golpes entre la multitud, se postró ante el Señor de las Tinieblas y gritó:

– Gran señor, yo soy quien te traerá el cadáver del Amor entre mis brazos, yo soy su enemigo natural, porque yo soy el Odio.

Al oír aquellas palabras, el Señor de las Tinieblas respondió entusiasmado:

– Ve, amigo mío, y haz mi sueño realidad y gozarás de la mitad de todo mi reino.

En una esquina de aquel salón, oculto tras una columna, un personaje vestido de negro y con un gran sombrero que le tapaba el rostro esbozó una extraña sonrisa.

El Odio partió ante la envidia de muchos. Los años pasaron y el Odio regresó cabizbajo y ante el Señor de las Tinieblas manifestó su incomprensible derrota:

– No lo entiendo, gran señor, he creado desavenencias, malentendidos y todo tipo de agravios y cuando parecía que mi triunfo estaba cercano, aparecía Él, y al final todo lo suavizaba, todo lo arreglaba.

Tras el Odio fueros la Pereza, la Rutina, la Desesperanza y muchos de los peores enemigos del hombre y, sin embargo, todos ellos al final fracasaron. El Señor de las Tinieblas al ver que ninguno de aquellos seres era capaz de lograr lo que él tanto anhelaba, cayó en una depresión profunda, hasta que súbitamente se abrió paso entre la multitud aquel silencioso  personaje que vestía de negro y que tenía un sombrero que le tapaba el rostro. Con gesto altivo se dirigió al Señor de las Tinieblas:

– Yo soy quien te traerá el cadáver del Amor entre mis brazos.

El Señor de las Tinieblas lo miró con desprecio y se dirigió a él con desagrado:

– Todos antes que tú han fracasado y tú, a quien ni siquiera conozco, pretendes triunfar. No me importunes, todo está perdido.

Aquel extraño personaje partió, pasaron años y de repente se presentó ante el Señor de las Tinieblas con el cadáver del Amor entre sus brazos. El Señor de las Tinieblas pegó un salto y se incorporó incrédulo ante lo que contemplaban sus ojos:

– Lo has logrado, has conseguido lo imposible, tuya es la mitad de mi reino, pero, amigo mío, por favor, antes de partir dime quién eres.

Aquel personaje se quitó solemnemente su gran sombrero, y con un susurro que, sin embargo, hizo temblar a todos los presentes, dijo:

– Yo soy el Miedo.

Cuando el miedo nos domina, nuestro corazón se desboca, nuestro cuerpo se tensa y nuestro cerebro no funciona bien. En ese momento sentimos que nuestra vida peligra y atacamos, nos aislamos o huimos.

Ninguna de estas reacciones permite que tratemos a los demás como si los quisiéramos, porque nadie quiere a alguien a quien teme y nadie teme a alguien a quien de verdad quiere. Cuando uno se aleja de los demás, también se aleja de sí mismo y por eso uno en lugar de aprender a quererse, aprende a temerse.

Comprender la naturaleza de nuestro miedo nos abre la puerta a poder experimentar la naturaleza del verdadero amor, aquel que, por no ser razonable, alcanza lo que no parece posible. Está en cada uno de nosotros decidir que quien va a triunfar en nuestra vida es el amor y no el miedo (Dr. MARIO ALONSO PUIG, Vivir es un asunto urgente).