La crisis de los bocadillos

bocadillos

Os contaré una curiosa historia:

Un señor vendía bocadillos en un pequeño establecimiento al lado de la carretera. Siempre estaba lleno clientes. No porque fueran bocadillos baratos, sino porque eran espectaculares. El propietario era amabilísimo, siempre parecía contento e ilusionado. El negocio funcionaba muy bien.

Un buen día recibió una carta de su hijo, que estaba haciendo un MBA en una universidad muy prestigiosa: “Padre, ¿qué tal te va con la crisis?”.

El padre contestó: “Hijo, ¿qué crisis? Si aquí va todo estupendamente”.

La respuesta de su hijo le desconcertó: ¿Pero no te has enterado? Hay una crisis tremenda. Tienes que tomar urgentemente medidas”.

Ante esta carta, el negociante empezó a preocuparse y hacer cábalas. Quizás estoy comprando jamón y queso demasiado buenos. Así que empezó a comprar un producto más económico, jamón un poco  peor, queso un poco peor… Empezó también a comprar en menor cantidad. También cambió de actitud, estaba más tenso… Y, poco a poco, cada vez menos gente iba a su negocio.

Con la caída de clientes, reflexionó: “Lo que me dijo mi hijo es verdad”. De modo que redujo aún más sus gastos y aumentó su ansiedad. Los clientes se dieron cuenta. Ya no querían comprar allí sus bocadillos porque además, aunque a veces paraban, los bocadillos ya se habían acabado. Y así aquel buen hombre tuvo finalmente que cerrar.

Immediatamente escribió a su hijo: “¡Qué ciego era! Todo lo que augurabas era cierto. No me había dado cuenta de la crisis que había” (Dr. MARIO ALONSO PUIG, La respuesta).