Vinculemos nuestro sentir a los hechos, no a las personas

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Vinculemos nuestro sentir a los hechos, no a las personas; no los hagamos culpables de nuestros sentimientos. Recordemos que la mayor parte del dolor que causamos a otros seres humanos no lo hacemos por maldad, sino por ignorancia.

Hagamos que quede claro el impacto que esos hechos han tenido en nuestros sentimientos. Expliquemos también aquello que necesitamos y que tal vez sea una mayor comprensión, tal vez algunas aclaraciones o sentir que se nos tiene más en cuenta, tal vez un poco más de reconocimiento por el esfuerzo que hacemos.

Finalmente hagamos una petición en este sentido, que esté llena de claridad, que sea lo más concreta posible, que esté alejada de ambigüedades, que evite múltiples interpretaciones.

Recordemos que la rabia invita a que se abran puertas de encuentro, mas no hemos de intentar forzar a nadie a que las abra. En el momento en que nuestra petición, nuestra invitación se torne en exigencia, la puerta se mantendrá cerrada.

En la vida hay muy pocas seguridades absolutas, la mayor parte de las veces la inteligencia en nuestro actuar se definirá no por buscar la seguridad, sino por aumentar las posibilidades de tener éxito en aquello que es relevante para nosotros. Por eso, esta forma de conversar no asegura el entendimiento y, sin embargo, lo hace mucho más alcanzable  (Dr. MARIO ALONSO PUIG, Vivir es un asunto urgente).

Nuevas perspectivas

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Entrenar la comunicación directa y respetuosa es mucho más valioso que hablar por detrás, murmurar o quejarse de alguien que no está presente (…). Detrás de toda resistencia hay una razón que hace que, para la persona que la pone, ésta tenga todo el sentido. Por eso la clave no es vencerla, sino comprenderla (…)

La humildad no es una virtud glamurosa y, sin embargo, eso no la hace menos necesaria. Humildad viene de humus que es lo que fertiliza la tierra. La humildad simplemente nos dice que sólo tenemos acceso a un punto de vista y no a la realidad en su conjunto, y menos a la que contempla otra persona, y que, por tanto, si queremos conectar y comprender, necesitamos preguntar y escuchar. Es de esta manera como podemos recibir nuevas perspectivas, nuevos descubrimientos y sorprendentes aprendizajes (Dr. MARIO ALONSO PUIG, Vivir es un asunto urgente).

Cocinar el amor

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Imaginemos por un momento que somos unos cocineros y queremos preparar un riquísimo pastel. Para ello, tenemos que escoger los mejores ingredientes, mancharnos un poco las manos al mezclarlos, poner las cantidades adecuadas, meter el preparado en el horno y dejar que la temperatura y el tiempo hagan el resto.

Algo parecido pasa a la hora de “fabricar” un vínculo emocional con otra persona. Son necesarios una serie de “ingredientes”. Por una parte la sinceridad a la hora de expresar lo que uno siente y, por otra, la voluntad y el compromiso para intentar entender las causas profundas que existen detrás de lo que se siente.

Hacer esto no es sencillo, ya que uno tiene que quitarse su traje habitual y ponerse el de “cocinero”, empezar a poner los ingredientes y esperar que la “temperatura” del amor que se pone y el tiempo de cocción hagan el resto.

El amor del que hablo aquí no es un sentimiento, sino que es una elección. Es tratar a alguien como si de verdad se le quisiera. Eso es lo que va a garantizarnos la paciencia, la persistencia, la humildad y la serenidad que son tan necesarias para escuchar a quien se encuentra esclavizado por la ira, la frustración o el resentimiento (Dr. MARIO ALONSO PUIG, Vivir es un asunto urgente).

La clave para conectar es no juzgar

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Cuando uno lleva puesto ese traje de “experto” que nos hace pensar que lo sabemos todo, que lo comprendemos todo y que no hay nada nuevo que aprender, dejamos de escuchar a los demás.

No tiene sentido escuchar a otra persona si ya creemos que  lo sabemos todo. Esta falta de interés, la siente y la vive la otra persona como una falta de respeto y es lo que imposibilita que se pueda crear un vínculo basado en la confianza. (…)

Aunque no lo entendamos, y muchas veces no lo compartamos, hay siempre una causa, una razón oculta por la cual las personas actuamos como lo hacemos.

Sin esa información nos es muy fácil catalogar a los demás como antipáticos o raros y también es muy fácil que los demás nos puedan etiquetar a nosotros mismos de la misma manera porque desde su atalaya particular, desde su punto de vista, sea incomprensible que actuemos como lo hacemos.

Si yo veo a una persona corriendo y soy incapaz de ver al tigre que le persigue, para mí a actuación de esa persona será en todo punto incomprensible.

Conectar con una persona que ve las cosas como nosotros es fácil, congeniar con alguien que ve las cosas de forma completamente distinta no lo es.

La clave para conectar no es juzgar, sino primero preguntar y segundo escuchar. Preguntar como aquellos que de antemano reconocen no saber la respuesta y escuchar como quienes saben que hay algo nuevo por descubrir y por aprender.

Cuando una persona se siente escuchada y se siente comprendida, se genera un vínculo de confianza que nos llena a todos de alegría y que inspira a los demás a hablar con honestidad.

Hablar de una manera directa es algo que cuesta mucho. Casi todo el mundo piensa que es necesario, pero a la hora de la verdad, cuando hay que hacerlo, resulta más difícil practicarlo. Tememos que si hablamos de una manera directa, aunque lo hagamos con respeto, la relación de vaya a deteriorar y, sin embargo, con frecuencia lo que sucede es justo todo lo contrario (Dr. MARIO ALONSO PUIG, Vivir es un asunto urgente).

Si nos importa una relación…

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Si nos importa una relación y queremos hacer algo para transformarla, no repitamos la misma estrategia una y otra vez porque obtendremos el mismo resultado. Existen tácticas mucho más efectivas para lograr lo que queremos pagando un precio mucho menor.

En una conversación difícil, no pongamos el peso en argumentar, sino en preguntar. Cuando uno pregunta y escucha, la otra persona se siente valorada, se siente respetada y puede empezar a confiar.

El vínculo más importante que necesitamos crear es el de la confianza, porque si ella está presente, todo se vuelve posible. La seguridad es lo que supera nuestro miedo a hablar. Cuando confiamos en alguien, sabemos que podemos hablarle de cualquier cosa, porque nos valora y nos quiere por quienes somos y no por quienes aparentamos ser.

Cuando uno se siente querido de esa manera, surge lo mejor que tenemos en nuestro interior. La valoración que esa persona siente por nosotros se transforma en la estimación que sentimos por nosotros mismos (Dr. MARIO ALONSO PUIG, Vivir es un asunto urgente).

Respirar hondo y contar hasta diez

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Si sintiésemos que ante un comentario nos tensamos, el corazón nos late con fuerza y empezamos a llenarlo de ira, de frustración y de resentimiento, ni hemos de intentar ignorar esas emociones pretendiendo que no existen, ni hemos de abrir en ese momento la boca porque pronunciaremos el discurso que después vamos a lamentar.

La prioridad en ese momento no es hablar, sino reequilibrarnos. El silencio en ese instante, lejos de otorgar nada a la otra persona, como muchas veces nos han inducido a pensar, se convierte para todos en el mejor aliado.

Respirar hondo, contar hasta diez, subir unas escaleras, lo que sea menos abrir en ese momento la boca si lo que queremos es construir, en lugar de destruir.

Una vez que hayamos conseguido un nivel mayor de equilibrio, es esencial volver con una estrategia que, aunque al comienzo nos parezca artificial, con el tiempo nos daremos cuenta de lo natural que nos resulta.

Nuestra estrategia será especialmente efectiva si vamos por una parte provistos de una pregunta que intente sondear en el sentir de la otra persona y por otra con un compromiso hacia nosotros mismos de escuchar sin interrumpir, sin argumentar, sin contraatacar, aunque no nos guste oír lo que nos dice (Dr. MARIO ALONSO PUIG, Vivir es un asunto urgente).